

Así a botepronto me apetece contar que me incomoda tremendamente cuando veo hacerse una apropiación indebida de algo y poco importa si se trata del dolor ajeno, de la verdad, del derecho, de la fiesta, de recursos, de la cartera en un descuido del propietario o del mismo dios. La acaparación personal del éxito de una misión lograda por un equipo, la acaparación de los afectos de un ser querido, de la tradición, de la herencia y de todo lo anteriormente mencionado en prácticamente todas las ocasiones me produce del mismo modo una sensación incómoda, una nausea en la boca del estómago.
Las atribuciones a otros de sambenitos múltiples también me causan cierta desazón…
Patidifusa por lo tanto ”hállome”, por ejemplo, al escuchar estos pasados días de celebración y orgullo tantas burradas sobre lo “obsceno y lo molesto” que es “tener que soportar” el chabacano espectáculo de ver a dos personas del mismo sexo besándose “impúdicamente” en medio de la calle. A esto se le une la vergüenza supina y el escarnio que supone el que una joven pueda decidir si tomar una píldora al día siguiente de haber tenido una relación y para más afrenta pretender hacerlo sin pasar antes por un plebiscito familiar-episcopal y por una revisión ginecológica a la que si me apuras debería completar un examen psicotécnico.
Todas estas creencias y otras similares que se traducen en atribuciones a otros de la maldad y apropiaciones del bien en mi opinión no son más que una muestra de las propias las cárceles del alma de quien las emite, debajo esconden las letrinas personales. Numerosas proclamas y apropiaciones del derecho a juzgar y decir lo que es y no es, lo que debe y no debe ser para otros siguen formando parte de la cotidianidad. Así se escucha decir que los gays no están facultados para criar hijos; su “condición” no les permite educar, son directamente todos y sin excepción un peligro potencial para los niños, una obvia fuente de influencias perniciosas, viciosas.
(Es curioso, porque hace unos días en la Barceloneta pensaba yo que si vuelvo a nacer me gustaría ser hijo de dos personas como las que me encontré en la playa. Tumbada bocabajo y con ambas manos apoyando el mentón envidié de todo corazón a un niño de unos diez años hijo de una pareja que dedicó su tiempo a aplicar crema de protección solar hasta en las mismísimas plantas de los pies del afortunado. Eso no quedó ahí, hora zumo de frutas recién exprimidas, hora bañito con un papá luego con el otro papá, aquí toallita con olor a recién lavado y planchado para secar al niño, allí sombrerito y camiseta, agüita fresca en un termo, sandwich vegetal sin mayonesa, con aceite de oliva virgen extra que es más sano -escuché decir a uno de los progenitores-. Confieso que presencié durante más de un par de horas juegos, risas, y temas de conversación variados en cuatro idiomas, inglés, italiano, francés y castellano según se iban pasando a saludar diversas personas que parecían amigos y conocidos de la pareja, idiomas en los que por motivos que desconozco -pero seguramente oscuros y siniestros todos ellos al tener unos padres paradigma del vicio y la perdición- el niño manejaba con una fluidez admirable, sin dificultad alguna. Y digo curioso, la verdad, porque aunque sería de esperar con todo lo que han machacado la creencia tenebrosa de que los gays en su conjunto son nocivos para la salud mental y emocional de los niños, que las predicciones se cumplieran y que el niño fuera verde y tuviera las uñas largas y estuviera tarado, acunándose como los niños de “Los Otros”, sentado triste, sobre la toalla mirando con un ojo para el chiringuito de la derecha y con el otro al de la izquierda, pues bien… fuera de todo pronóstico el niño no tenía pinta de estar siendo objeto de otra cosa que no fueran atenciones y cuidados que para mí los quisiera, la verdad es que daba la sensación de ser basante sano, hasta medianamente feliz diría yo.)
Pensaba yo que si uno mira la misma historia sin orejeras puede deducir que aquellos niños y niñas que conviven con personas inmersas en conflictos emocionales y relacionales constantes tienen más trabas a la hora de centrarse en su trabajo. Ante una afirmación así no habría pega ni discusión, estaría de acuerdo sin dudarlo, pero es cuanto menos irrisorio comprobar que se sigue haciendo hincapié en unos constructos nacional-católicos que refuerzan el tópico de que el fracaso en cualquiera de sus variantes va unido directamente a aquellos que se salen “del circuito de lo normal” y esta rueda con la que se tuvo que comulgar en tiempos pasados por puro miedo hoy en día, lo siento, ya apesta a moralina y sencillamente no se traga. Afirmaciones como estas culpabilizan -la mayor forma de manipular que existe- y señalan las familias “bien” y las familias “mal”, marcan como a las reses a las familias ”desestructuradas”: todas aquellas que no están compuestas por “papá kinder”, ”mamá ferrero -rocher con sus vástagos ¡como no! “Pin y Pon”.
En un línea similar, siguiendo el lema de este año de la celebración gay ” una escuela sin armarios” y después de leer el articulo de Josep Miró i Ardèvol de La Vanguardia de ayer tiulado “Los responsables del fracaso escolar” he sabido algo totalmente rompedor que se añade a lo anterior, resulta que apelando a la autoridad moral de los estudios de Coleman y el Nobel Gary S. Becker ” hace más de dos décadas se ha demostrado que el divorcio con hijos de edad escolar afecta negativamente a su rendimiento escolar” (!!!???*”), por san Asterix y san Obelix! ¡pardiez! ¡no quiero ni pensar lo que puede ocurrirle a los niños si además el divorcio se produce entre personas del mismo sexo!
Llegados a este punto no puedo dejar de acelerar en este desahogo, lo intento pero se me hace dificil pensar en una familia “desestructurada”, no creo que exista semejante cosa, las familias -en mi modo de ver las cosas- pueden tener estructuras atípicas, no convencionales, estructuras no estructuradas tradicionalmente pero que se organizan en un orden interno sea este el que sea, por muy inaceptable e incomprensible que sea para los juzgadores compulsivos. De nuevo la lectura de los hechos en este campo se muestra tozuda, parcial, injusta.
Ya metida en este trigal, pienso también que sería interesante contar con los datos estadísticos del fracaso escolar acontecido en los niños de quienes tienen esta visión enanista de la realidad, también le sumaría de buen grado aquellas estadísticas que reflejen las que han sido víctimas de la violencia física y psicológica de los yuyus y comecocos de religiosos fundamentalistas y ya puestos de fundamentalistas de cualquier tipo. En mi opinión, el fracaso escolar podría derivar de múltiples factores entre ellos del desconocimiento de los códigos del lenguaje de la generación actual, de la impotencia de generar nuevas líenas de interpretación y actuación ante las necesidades y situaciones que las nuevas generaciones plantean a las que habría que aplicar enfoques con soluciones diferentes. Del mismo modo que cada año se actualizan las vacunas ante el virus de la gripe, el aplicar la misma medicina a situaciones que han mutado no produce resultados positivos. El fracaso también podría provenir por ejemplo del estar inmersos en un sistema educativo masificado, estancado y en muchas ocasiones sin recursos suficientes que busca domesticar al individuo y “encajarlo” en un sistema que para más inrri está en crisis total y no se cree ni a sí mismo, un sistema que parte de la trivialización del trabajo de las personas que ejercen la enseñanza y la no valoración en hechos del trabajo que los profesores llevan a cabo, -una profesión que cuenta con las tasas más altas de bajas por temas psicológicos, algo que indica en mi modo de entender las cosas que existe una evidente desprotección y una necesidad de actuación urgente-. Un sistema que está acostumbrado a esperar que un gran número de profesores echen el resto y se ocupen vocacionalmente de los chavales y al que no parece interesarle cuestionarse y ocupar sus energías en cuidar al cuidador y también filtrar aquellos que puedan suponer un peligro real para los vástagos porque la influencia que tienen en los niños de determinadas edades y el poder que ostentan ante ellos se puede utilizar para inculcar ideas como las comentadas previamente y eso, en mi modo de entender las cosas sí puede ocasionar más que fracasos, destrozos.
A todo ello le uniría la realidad de aquellos alumnos que tienen dificultades concretas a la hora de estudiar que en algunos casos -no todos- pueden mejorar y acomparse profesionalmente. Los casos de diferentes evoluciones y maduración de los niños después jóvenes y los casos de los alumnos a los que se les ha colgado un letrero en el cuello desde parvulitos que arrastran año tras año consiguiendo entre todos que la predicción se autocumpla, que el chaval se considere visto y tratado como un inepto y que evidentemente y para no romper la creencia general se comporte como tal.
En fin, afortunadamente los hechos muestran constantemente su complejidad y hacer deteminadas afirmaciones totalizadoras, simplificantes, no parecen aportar otrás vías que no sean más de lo mismo a lo que se suma que en ocasiones las soluciones que se ponen se convierten en el verdadero problema. Sería interesante revisarse un pelín antes de hacerlas. Guste o no a algunos, la sociedad acaba rompiendo los moldes para vivirse como le da la gana, los macarras de la moral tienen cada vez más reducido su ámbito de poder, la realidad es tozuda y se muestra sabia, se traduce en diferentes modos de comunicarse, de organizarse, de relacionarse, la sociedad ya ha conocido lo que supone ser coartado, condicionado, obligado, ya se sabe las consecuencias que tiene en las personas determinadas ideologías, yo tengo todavía fe en que sea la misma sociedad la que genere un modo de funcionar propio que busque su propia vía, solo es de esperar que no tarde mucho en hacerlo, los daños colaterales de las toxinas ideológicas los sufren los pequeños y de eso sí que habría que protegerlos.
Belén
Nota: *acabo de escuchar en las noticias que dentro de poco nacerá Lluna, una niña que tendrá dos madres biológicas, cierro este escrito -que he comenzado con cierta indignación- con una sonrisa.
Imágenes extraídas de este link y de este otro link